Cuestión de tacto

Si pudiera medir el tacto para no desgastarte antes de tiempo,
o crear un término justo para ambos,
solo te pediría que no fuese un contrato fugaz.
Déjame financiar esta historia
antes de que se nos eche la tarde encima.
Si pudiera contener el sí frenético en mi pecho,
tal vez entendería a los que hablan
de prudencia porque no te conocieron.
Sin embargo no puedo evitar observarte
de esta forma tan agridulce
como quien se consagra con toda su sangre a este oficio
de procurar hacerte duradero en este instante
cuando haces del mundo tierra húmeda
o pájaros vespertinos al viento
y todos los dioses saben que ya no existe nada más.

Anuncios

Tres coma catorce

Era marzo por la mañana llevabas la barba recortada

oías hablar a unos matemáticos

en un documental que desconozco o que no me interesa

Uno trazaba la cirunferencia de un crómlech

y te recordaron que basta con saber los trece primeros dígitos

del número pi y el resto

tal vez podrían explicarte cómo habíamos llegado hasta aquí

sin embargo tú preferías no saber,

por el temor al y ahora qué, supuse

Otro mientras tanto hizo formas geométricas perfectas

como la aritmética con pompas de jabón

Veías tan concentrado la tele rellenando tu mañana de marzo

con la voz doblada de unos investigadores británicos

que nunca te contaron cómo detener el tiempo

y aunque no tengas ni la menor idea

yo estaba a tu lado desayunando

tostadas con mantequilla

con la certeza de que algún día averigües

que una de tus hijas se pasará toda la vida

desayunando exactamente lo mismo

para volver a una mañana distinta en una época lejana

en la que hiciste tostadas

y en la que no me hizo falta saber ningún

dato de pi para estar convencida

de que el tiempo es margarina con sal

en una mañana que ilumina todo el comedor

e incluso resplandece en los rincones más oscuros de tu consciencia.

Nunca nos enseñaron cómo parar el tiempo

o quizá el devenir de los siglos son pompas de jabón y trigonometría

o quizá estos últimos nueve inviernos son cicuta y cloro

a lo mejor pensé en flores ásperas del desierto germinando de tu boca

y traté de omprender tus raíces para enterderme o para entender pi

Recuerdo las mañanas tibias porque viví para almacenarlas

muy adentro hasta poder manosearlas como magma de arcilla

Y sin embargo no me daría cuenta hasta años después

de que realmente la belleza no tiene memoria

porque tú la hiciste luz eterna,

un alud de campanadas infinitas a ras de la cocina.

Caspar_David_Friedrich_Klosterruine_Eldena_1824-25

Nihil est qui nihil amat

Un mundo es demasiado grande

cuando eres pequeño

Olvidar tu dirección, no tener teléfono,

pedir mucho kétchup y una bicicleta amarilla

Es tenerle miedo a la oscuridad y dormir con tu madre

Ser niño e imaginar tener más niños, amigos, compañeros

Todos hermanos en un mundo demasiado grande

cuando eres pequeño

Robar unos eurillos y ser rey en los quioscos del barrio

donde creciste y de donde querrás huir pasados los años

porque el mundo pareciera una bola de cristal nevada

donde el tiempo es algo maleable y extraño

como la plastilina o la masa de galletas

y te pasarás la vida recordando

la dirección que nunca llegaste a memorizar

Tomarás autobuses, trenes, aviones de escarcha

añorando aquella vez cuando te subiste a ese árbol amable

que no te raspó las rodillas

pero tú sí marcaste para grabar tus iniciales

Y antes de comprender al árbol ya lo abrazaste

cuando eres pequeño

el amor  es algo desvergonzado y a su misma vez tímido

que no precisa de comprensión porque justamente

eso es aquello que lo hace

eterno

wp-image--2102982824

Un plato de cordero. (Happy birth)

Si la esperanza fuera comestible
hablaría con la boca llena y las manos
pringosas de chupachup, tal vez.
Me encogería como el algodón
hasta volver a identificarme como niña
y cortaría todas mis extremidades restantes
estiraría como un chicle todos mis órganos rosas,
me desollaría con cuidado,
me cubriría de hojarrasca de madreselva de yedra silvestre
y me olvidaría del hambre, incluso del nombre de mis padres.
Si la esperanza fuera un cordero tierno y lozano y saltarín
yo lo dejaría correr hasta que su cuerpo le pidiera morir,
hasta que se convirtiera en un animal antiguo y enigmático
con las manías típicas por los achaques de la edad.
Si la esperanza estuviera a un bocado de distancia,
yo sería un moro en el ramadán o cristo en la cruz
o mi vecina viuda de su único marido, tal vez,
me convertiría en algo tan pequeño como una larva o una semilla
que se rompe para traer algo nuevo a la gloriosa luz,
para olvidar que existo como drogodependiente de todo lo que brilla,
y existir tal vez solo para ver al corderito morir dócilmente,
alimentarle hasta que alguno de los dos
no recordemos qué es el hambre,
recostarme en su lecho con mucho cuidado
hacerme tan minúscula como un bebé,
dejar la esperanza partir a otro planeta quizá,
romper en llanto
y verme nacer.

Un nuevo restaurante griego

Se muere un perro en España,
me dijo mi madre por teléfono:
Tú nunca lo entenderás, maldita,
tú que te has ido,
este dolor de saberte lejana
Mientras yo hablaba de la inauguración
del nuevo restaurante griego
y me promocionaba como la nueva vecina
ante el barrio

Un perro se moría en España y
oí entrecortada a mi madre llorar sin apenas cobertura,
yo quería gritar por la megafonía de todos los centros comerciales
Lo siento mamá
No cualquier perro murió en España
ese día que no funcionaba la máquina del café en el trabajo.
Un perro viejo al final, cansado y aun así infantil
supurando amor y diarrea
Y mi padre por los achaques de la edad
no contuvo el llanto mi hijo se muere
y su hija no está, ella claudicó y solo pensó
en redimirse y dejarse engullir por sí misma hasta desaparecer
del mapa mientras
la familia se va empequeñeciendo
y se retuerce como una langosta
hirviendo en la olla de un restaurante griego
que ya no es nada para mí sino un mito
Un perro de ojos negros dulces
tristes y caiditos
al que nunca vi morir en España
pero ahora España es una feria macabra,
un funeral de aristas y trapecios furiosos e ininteligibles
una palabra quemada que es verdugo
en mis sueños a partir de aquel día
Y no existe hacha más afilada que
no saber dónde caerte muerto
y vivir donde te dijeron
que podrías trabajar
y ganarlo bien
y huir de tu
patria
Mientras acabas instalándote en un
vecindario pijo repitiéndote
que aquel será tu sitio
para que finalmente
recibas una llamada
a las tantas
Porque un perro se muere en España
y justo en ese momento
comprendes, aun sabiéndote lejana,
que estás volviendo a casa

m54

El tiempo apremia

Deja una canción
de louis amstrong a la mitad […]
Le rechinan los dientes de aguardar con el cañón cargado
y las encías sangrantes
el día en que del cielo caigan ranas
apurando alguna especie de desinfectante celestial
que reedifique las ruinas esta vez sin margen de error
No teme dejar de respirar:
ya estuvo muerto antes de nacer,
nació llorando, boca abajo, rechoncho,
lleno de líquido amniótico,
le llevó unos meses cobrar la facultad de la vista
y unas nueve décadas perderla
hasta que el verde se volvió una catarata profunda,
oscura y cristalina (como aquella canción)
Teme desaprender el japonés y ser desterrado de la memoria
de las mujeres por las que se dejó querer, o averiguar
cuando el día empieza a desvanecerse
que no será su nombre el que anuncie el sol naciente
Morirá con el grito en el cielo,
balbuceando los votos de su segundo casamiento
o los chistes verdes que escuchó durante el servicio militar,
morirá royendo el mismo hueso de reticencias que hace cuarenta años,
siendo un ángel de basalto al que el mundo deja atrás
/Faulkner creo que dijo que a jesucristo lo mataron
las manecillas del reloj/
Reanuda su eterna canción, suena:
I hear babies cry, I watch them grow
They´ll learn much more than I’ll ever know  
Y espera en su sillón algún descansa en paz
sabiendo que en la tumba descansarán sus monstruos,
aunque nunca, nunca conocerán la paz
Sin embargo no puede evitar repetirse a sí mismo,
mientras sus nervios se van apagando poquito a poco
como el alumbrado de navidad un nueve de enero
y su corazón rojo de buey concluye su obra con un telón:
What a wonderful world 

[…]
Yes, what a wonderful world

 

morning-in-riesengebirge

Campo del Sur

De pocas cosas guardo certeza:
no volverá a amanecer en Campo del Sur
como aquella vez con la juventud piando, un aguilucho
hambriento de lombrices,
ni exprimiré el jugo de la chirimoya
con un cuchillo de caza áureo.
De la ribera germinarán a la inversa
niños bombardeados que esperan recibir un nombre
antes de la víspera de pascuas
No es mucho lo que sabe la pobre abeja cuando se ahoga
en la alberca, sin embargo
es suficiente
Y menos sabe el helicóptero que sin instinto
sin gracia, hace como si volara
cual pichón surcando la bóveda celeste
Qué sabrá el hombre, qué sé yo
cuando escucho a los vecinos hablar de
las compañías telefónicas, las radiaciones de las antenas
el cáncer
(el cáncer me recuerda a un gato persa gris
orinándose por las esquinas )
Pero pareciera que el oso conoce algo que es auténtico
cuando agarra entre sus zarpas
al salmón vivaracho
y no me cabe duda de que el depredador ama a su presa;
sin embargo el ajusticiado no es amado por su verdugo:
sólo nosotros minamos de misiles nuestra propia estirpe.
Escasas son las cosas de las
que guardo certeza,
otras muchas no me quitan el sueño (los mártires,
la jurisdicción militar, los convites folclóricos y pedantes…)
y el resto, que ignoro,
no me pesan:
Intentar entenderlas sería como diseccionar
el cerebro de una mariposa azul, rosa fucsia,
salpicada de ámbar,
y mañana naranja, ultravioleta, siempre colorada,
intangible, inalcanzable (…)
Ambrosía latente en la enciclopedia de todos los dioses.

Caspar_David_Friedrich_008