Cómo decir adiós sin querer

Ahora que la vida estalla en tus manos
como una fruta picante y pegajosa
y se escurre como si fuera una moneda
atascada en cualquier máquina expendedora
de cualquier centro comercial
de cualquier ciudad
que se ahoga con bufandas de humo
Ahora que rehúyes de los campos elíseos
donde una vez te alimentaron
con venado y uvas jugosas
como tus mejillas
Ahora que la vida ya no es lo que solía ser
sino algo que se podría confundir
con el reflejo de un extraño
en la ventanilla del taxi
Ahora que la vida se remueve
como las tripas de un mendigo ebrio
de vino de cartón,
y rezas con los ojos cerrados y
comes con la boca abierta y
te acostumbras a todo y
no encuentras razón al sinsentido tan
delirante de la rutina aguardando el día
en el que un sindiós toque tu puerta con
las respuestas
Ahora que escuchas al fondo de la calle
en las sombras
las voces de viejas que cantan
romanceros que narran
la causa de su prematura muerte agridulce como la de la abeja que se inyecta su propio veneno
Ahora que maldices con fuerza su nombre
y todo lo suyo
que no te pudo pertenecer,
ahora que despertarías el canibalismo
entre los vivos con tal
de no continuar este tedioso luto que supone
olvidarle.
Ahora que la vida no
es más que una
granada
sin anilla,
un campo yermo,
un chillido tan agudo que aún resuena dentro
una balada llena de la furia y rabia
que produce saber que si esto
fuera una guerra,
estaría perdida;
o que si hubiera sido un poema,
sería una despedida.

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Cinco mil metros

Me encantaría que criaturas marinas
a más de cinco mil metros de profundidad
te mostraran lo increíble que es la vida
Me hubiera encantado que hubieses dedicado tiempo
a observar a los cangrejos, a los caracoles, a los bichos
que nunca me enseñaste a acariciar.
Necesité unas tantas veces que me cogieras del pellejo del cuello así como las leonas con sus crías como las gatas con sus gatitos para guiarme
en este mundo que se ríe de las enfermedades sin cura certera, de los remedios naturales como la marihuana.
Me encantaría haber oído palabras de bienquerencia tuyas no aprendí
a decirlas siempre te esperé con la punta de la lengua en el paladar
para corresponderte enseguida pero no lo hiciste
Solo una vez me recordaste:
Quiero demasiado pero no sé amar,
no sé amar porque quiero demasiado
Tal vez olvidaste las cosas sencillas: respirar aire campestre
beber gazpacho
besar a tus hijos en la frente
escalar un árbol tallar nuestros nombres en el árbol
dejar tu historia en el árbol de las ninfas dormidas
que guardarán en su memoria estas tardes
infinitas de agosto livianas como la hoja corroída lentamente
por la oruga del tiempo
Quisiera cultivar los buenos hábitos como cocinar cantando o manchar
de barro las nuevas botas de agua jugando a la gallinita ciega
pringarme las manos de este elixir tan parecido a la vida
cuando me alimento de remolachas sin cubiertos,
como cuando devoro tu mirada como si no existieran los modales
Quisiera cultivar los buenos hábitos en vez de hallar consuelo
de tontos en el hachís
en el acetaminofeno del día después de perder
el conocimiento bebiendo tratando de evocar a las musas verdes cálidas,
en vez de los transgénicos y los psicoestimulantes y los grandes almacenes
en vez de todo, todo esto, que nunca podrá desaparecer
porque se adhiere como una garrapata al alma y la perfora como una plaga de topos que matan hincando el diente con sosiego, que taladran
hasta el fondo y no encuentran nada
En vez de todo esto querría sentarme en el sillón viejo de unos abuelos, pensar que no puedes alcanzarme porque soy un halcón de las Américas una cigüeña un cisne que sabe revertir el tiempo, retroceder las olas mar adentro, habitar en lo más alto de los campanarios, emigrar hacia la tierra más brillante y fértil y hermosa para empezar de nuevo volver, volver, volver y hacerte saber lo increíble que es existir a más de cinco mil metros de profundidad, donde no pueden llegar los pregoneros con las malas noticias ni anuncian las farmaceúticas enfermedades raras, donde podríamos aprender la lengua de los leones marinos, de las ballenas azules y sus crías, donde morirse significaría coronar el cuerpo en el que reinó la vida.

Ruby

3 monet-poplars-on-the-river-epte 1891 National Gallery of Scotland, Edinburgh

Parto

Duró lo que dura un embarazo en mayo
Parecía que todo esto iba a desaparecer como un sueño largo similar a la infancia interrumpido violentamente por un machete lleno de la cal de las alcantarillas por donde vertí mis primeros besos […]
este delirio tan real cuidado hasta el detalle
Algunas veces pensé este pintoresco escenario de pueblo siempre anclado al mar pero que levita en el espacio donde no cabe el miedo ni la esperanza este pueblo casado con el viento que cuanto más se hunde en el pozo de las vacas muertas más brilla más asciende al centro de la tierra con un fulgor misterioso tan lleno de vida que podría confundirse con un trazo de la inmensidad de la muerte, este pueblo maldito acabará siendo engullido por su propia fuerza gravitatoria
Y luego de especular en Bolsa luego de perder dinero y llorar por ganarlo y gastarlo para comprar más tabaco y todo sea ganar y fingir que aquel es tu sitio esto de apostar en los partidos todo es ridículo un día te acordarás de la mantequilla, de la nariz húmeda de los canes, de tus dioses, de la floristería y la bisutería y la panadería y de todos los sitios donde una vez te quisieron.
Pero tú querrás saborear la china imperial, probar el basmati, la dolce passione, el adiós de los aborígenes, destrozarte en la costa este de California, querrás colocarte en la aureola boreal, repetir merci hasta desvirtuar la palabra de su sentido y repetirte que la soledad es una silenciosa declaración de amor al mundo pero lo cierto es que es un acto de individualismo como el suicidio pasivo sin embargo tardarás tanto en darte cuenta que volver parecería un desesperado acto de supervivencia por rescatar un ápice de algo puro en ti, en los sitios donde creciste y te hicieron suya sin tú saberlo.
Este lugar que es extraño y es auténtico desafía las leyes de la Física las vulnera todas, este lugar del que reniegas te ama, no conozco otra verdad sino esta, no me interesa otra mitología ni fábula ni religión sino este parque, clavado, esperándote trescientos años, solo para que regreses con la certeza de que nace por ti y de cierto modo tú por él en cada momento en el que averiguas sin querer que este lugar es más bien tiempo, es más bien un ciclo, que no es de tierra ni de mar de nada sino de un farol en mayo que atrajo a todos los girasoles hacia un mismo punto de luz oxidada en un espacio que se comprime y comprime hasta el parto

Eco

Hace tiempo que los años nuevos parecen intrusos son tan extraños
como la pesadilla de un precipicio vacío y nada
como ver los colores esta vez sí tan brillantes
Para el corazón esto es un chicle de mascar
la espera aguardando sin ganas el día en que un sindiós
muerda la pieza de fruta prohibida
Es tan arbitrario el devenir del tiempo muy poco auténtico
demasiado injusto para el resto
Una vez tuve diez once luego doce y trece y seiscientos
catorce y tres mil millones de ánimas orantes
de todos para todos vosotros que no debería amaros y sin embargo
con esta fuerza bruta tosca pero
juro que sobre todo sincera
lo hago
No quisiera encontrarme en esta posición
priviligiada en la que observo con
mirada clemente cómo devoran vuestras
tripas
mientras me cuelgo del balcón
arranco las cortinas
pinto las paredes con la luz de los viejos días y lavo mi cuerpo de culpa y pecado hasta la redención. Hace tiempo que los años nuevos parecen intrusos son tan extraños
como lombrices en el estómago y nada
como este hambre feroz de sufrir
por Dios
cuando quiero guardaros en una parte del mundo tan recóndita para que no hagan de vuestro nombre un efecto colateral de la eterna pugna por rozar con la punta de los dientes el elixir
Que tuve cinco seis siete luego ocho y nueve años y ya erais miles en mí cantando marchando alimentándoos sois ahora todos con vuestra piel vuestro profeta y vuestro sexo
quienes latís exactos en este momento
Será primero el ruido de los pueblos
y cuando llegue el aciago final
continuará retumbando el eterno eco de nuestros tiempos

Los campos silenciosos

Quién te dormirá en la mecedera de los cuerpos celestes
Quién te explicará de nuevo cómo distinguir el azul del amarillo
cómo cerrarías los ojos antes de morir me pregunté anoche
cómo podría parirte el mundo esta vez sin tanta sangre
cómo traerte de vuelta
cómo alimentar a un difunto
cómo tirar las armas al suelo
Si solo hubiera sabido…
Quién procuraría embalsamar tiernamente como untar mermelada tu cadáver de niño triste
Algunas veces pensé
tu corazón era arcilla muy caliente
o un asesino tímido y psicótico
un juego veo veo
tus manos que son más bien escaleras de caracol dentro de los rascacielos que conducen a campos silenciosos bañados por fugaces soles
Quién te acunará hasta la entelequia o el despertar profundo en la mecedera de los cuerpos celestes
Desde que te fuiste oigo hablar a la tele
y a los pájaros como quien realmente oye
la tele y los pájaros
como quien escucha sin pena ni gloria
pasar volando la vida
mientras pone la tele y escucha a los pájaros
En los grandes cadáveres fosilizados de antiquísimas ballenas
me contaron podrías encontrar una clepsidra
y romper el tiempo
antes de que te mate como lo haces tú cuando pones la radio y te pasas las horas en la cocina evitando los fantasmas que llevan tu nombre mientras
las telarañas de lo que creías olvidado se rehacen y el colibrí de tu tórax se acostumbra al hambre pero tú piensas en el abandono en marcharte en desaparecer para siempre
tú te preguntas
Quién te quitó la vida quién te hizo polvo quién te llamó amor si no fui yo si no soy yo
Quién te dormirá en la mecedera de los cuerpos celestes cuando se consuma tu florido cuerpo y ya no queden geranios ni analgésicos ni películas del viejo oeste, nada salvo tú y el cielo
Quién te abrirá los ojos desde muy dentro para acunarte allá donde vayas, a donde no alcanzo, a lo lejos.

Epistula muta

Un pozo pétreo dice que el otoño no ha llegado que la clemencia es un cartón oscuro muy húmedo.
No podrías beber del Leteo aunque sacrificaran como cabras al alba a toda tu famlia sé que continuarías bebiendo de las ubres de tu dulce infancia porque esto es lo poco que tienes esta es tu vida, todo esto.
Una casa azul en la barriada de las adosadas blancas dijo una vez renegar de la muerte ahora sería como no haber vivido nunca, nunca y eso sería una lástima.
Despertaría el canibalismo entre los los vivos con tal de sacarte de esta bola de cristal nevada, ojalá decirte que esta carne tuya tan rosada tan amada y tan sufrida es cárcel y es mentira, ojalá decirte que serás el agua de las cigüeñas, el viento favorable de los jinetes, el abono de un huerto que siembra la paz,
que permanecerás como tierra fértil y mojada pero no será tu triste nombre el que anuncie la alborada.
Esta bola de nieve cristalizada! tan ridícula que juraría haberme reído, a sabiendas de que me postraría ante este dios que ya conozco como Juana la Loca velando el cadáver de Felipe el Hermoso por un solo retazo de clemencia

Prenatal (no vale esta pena)

Si conservara alguna imagen de ti
sería cuando de niño espantabas a las palomas
con la vergüenza revestida de cachemir
Si conservara alguna imagen de tus rizos de niño de tus raíces sangre
a lo mejor esto tendría mucho más valor del que ahora pudieras darle
Deberías haber desollado a las ovejas cuando nadie estuviese mirando
para comerte tú solo este juicio final venido de los cielos subterráneos
con un chillido tan
ácido que jamás podrías
escucharlo y parte en mil los cristales
que no conocieron el limón de tu boca ni tus largas oscuras pestañas
Tus oscuras pestañas negras
Recogería todos los gorriones que cayesen del tejado para que tus manos
supieran qué significa que se te queme el paladar
porque engulles de golpe un corazón recién parido
que si acaba por morir te arrastrará consigo
Imagínate un corazón de golpes de sangre coagulada de toro un corazón justo como el tuyo pero más grande y más viejo y más cansado de llorar a las moiras en los almacenes de tus vísceras
porque te dieron la vida y yo haría atrocidades con tal de mantener intacto el tul de tus inocentes ojos pardos porque te amo hasta la terminación del nervio ciático
aunque no sepas entenderlo
porque juegas con las palomas y te pienso cándido
en este mundo de drogas frías y duras guerras tan necias que no me importan
Porque he engullido tu corazón de un solo bocado y tienes el mío en un puño de acero inoxidable
e intento disfrazarme de todo lo bueno que aún florece en la tierra para que pienses que esto merece la pena pero a manos de los hombres tu coraza se fundirá de la misma forma que lo hacen estas palabras tempranas entre mis dientes
que no valen esta pena ni ninguna si no llegas a ver la luz
Mantenerte en la oscuridad será como haberte guardado para siempre en el lecho de aquello que perdura más allá de la imagen y lo tangible más allá del tiempo que se derrama perezoso como un bote de tinta sobre tu imagen
Ojalá nunca conozcas al necio del hombre ni a esta costumbre de escribirte cuando te digo que
ojalá jamás sepas que comprender esto no vale la pena