Huesos en remojo.

Éramos tan jóvenes
que las yemas de nuestros dedos
sabían a llovizna
justo a esa primera gota
que se derrama del cielo
torpemente
pensando que aparecerá en otro
Sí eso éramos
dos gotas de agua
que cayeron accidentalmente
en un mundo que les entumecería tanto
hasta que sus huesos
se convirtiesen
en un áspero y rígido cristal
y necesitaran regularmente
un baño de agua hirviendo
para que se volvieran a sentir
como lo que un día fueron
y se fundiesen
cómplices
en el cielo al que pertenecían
Bueno
esa era una de las razones
por las que nunca salíamos de casa
fornicábamos en el servicio
pasándonos la vida
metidos en la bendita bañera
relamiéndonos
los cortantes recobecos
y te puedo jurar
que la olla exprés
nunca dejó de pitar
anunciando los cien centígrados
listos para quemar
solo lo suficiente
para que nuestros cristales
recordaran su nombre
y en imperturbable paz
allí yaciesen
Ruby.

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