Retengo un olor que palpita en la pituitaria.

Retengo un olor que palpita en la pituitaria con autonomía propia aunque ya no recuerdes el olor a descomposición de la vida marina que muere en nuestra playa fría siempre estaba fría pero siempre nos quitábamos los zapatos porque era nuestra
Yo sí recuerdo tus manos ásperas y con algunos cortes que me llevaron a un lugar donde vivir y revivir días dulces como tus palabras hasta tener que vomitar embriagada mi infancia y aferrarme a ella como lo habría hecho un ermitaño a su caparazón sacudido por una marea a fuego lento
Un olor que nunca llegué a abrazar con los sentidos pero un gran manto tibio de arena húmeda como las nubes se cubría de krill y algas y un puñado de orejillas de mar y pequeños cristalitos erosionados por el tiempo y el temporal y entonces mi piel respiraba serena y limpia y niña a tu lado siempre niña
Cuánto levante se ha deslizado desde que dejé de darte la mano desde que estuviste muy ocupado yo me ocupé de crecer prematura porque estabas trabajando y crecí tan rápido que no recuerdo el camino de vuelta ya no recuerdo cómo pasear de tu mano sobre la senda de algas atlánticas que la baja marea siempre regala con el particular silencio de unas olas que se tambalean pero permanecen tímidas casi en secreto 
Ya es tarde para todo aquello aunque me aturda constantemente la cabeza aquel día de verano en el que soltaste un comentario en una charla trivial cuando dijiste que preferirías morir a vivir enfermo que morirías para dejar un cadáver decente uno que pudiese identificar que no querías ser la supurante carga moribunda a mis espaldas cuando la tuya te empezase a fallar porque habrías pensado que yo no te escuchaba y desde aquel entonces sin que tú supieras te he abrazado muy fuerte incluso cuando no lo hacía como con miedo a perder algo que sé que me arrebatarán algún día y algunas veces tan fuerte y tan hondo el temor vigoroso en mi plexo de sentir que no estarás y parece tan corta la espera y se prolonga tanto este silencio que parece como si ya no como si ya no estuvieras
Ahora queda una fina estela como un hilo de plata de una playa que olvida con otras nuestras pisadas y un miedo vasto y recóndito como un bosque nórdico olvidado desaparecido de los mapas que alberga una humedad que hunde el pecho y aplasta el alma y las bestias que aguarda me arrancan el sueño cuando rugen interrumpiendo una pesadilla grotesca donde tú no pisabas la tierra con la que yo moldeo mis pies cuando busco sin aliento un trazo tuyo de identidad en el mundo que se había desecho de tu nombre
Ahora tengo un cajón lleno de caracolas con un eco que siempre reconozco y son putrefacción pero las tengo clavadas en la pituitaria y podrán pasar siete años siete siglos y siete vidas
podrán cortar de raíz mis sentidos y mi identidad y arrancarme los nervios de un impiadoso bocado podré vender mi alma por una vida bonita y rápida que yo siempre acudiré a la misma playa fría

para reconocer tus rasgos en vida o inertes

para dejarte la puerta entreabierta sabiendo que nunca te irás del todo

para volver cuando no haya rastro de tus manos ni de tus huellas al caminar

Y sólo así 

Podré

Podré volver a mí, papá

Ruby

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