Las libélulas o reminiscencias de mi tierna niñez

Solía salir a regar las plantas del colegio a escondidas
con bolsas de plástico cargadas de agua de la fuente había dos para todos pero casi todos los pitorros funcionaban mal porque salía una cantidad desmesurada de agua muy rápido muy brusco para una niña de mi edad
Con esas mismas bolsas mis compañeros retenían las libélulas que iban a parar a ese pequeño jardín de 3×1 diría
Imagínate 30 minutos de agonía y 7 años que tenía yo
Y 7 meses que es su esperanza de vida
Los más compasivos le hacían un agujerito a la bolsa pero por el amor de dios
Lo hacían tan diminuto para que no pudiesen escapar pero el oxígeno no era el suficiente entiendes
Después estaban los impasibles aquellos que mostraban ambición por un trofeo por el triunfo de la muerte de la asfixia de la muerte al fin y al cabo
Justo cuando las cazaban las libélulas no paraban de chocarse y estrellarse y subir y caer hasta que se mareaban
Yo junto a ellas lo padecía en silencio
con los ojitos quebrados de dolor
Y yo sabía que estaban tristes y me faltaban las palabras siempre
Pues imagínate cuando pasaban unos 10 minutos y sus pequeños cuerpecitos rojizos azuláceos verduscos eran vencidos por la ausencia del aire me faltaba cuando presenciaba aquello
Entonces pensé no existe mayor crueldad que la del egoísta la del que ignora hasta la más remota señal de vida
Yo no volví a regar el jardín porque resulta que paradójicamente alimentaba la vida de la presa que estaba condenada a morir a manos de niños ingenuos
Como te habrás imaginado el jardín se marchitó bueno mejor dicho yo lo dejé marchitarse y los niños se olvidaron rápidamente yo me lo quería llevar conmigo y alimentar a todos los insectos que se hubiesen topado en mi camino
Querría haber acogido a cualquier criatura entre mis dedos con todo el amor que albergaba en mi cuerpo de 7 años y lo volqué en un jardín de 3×1 al que condené a la sequía pero yo
Yo lo amaba
A veces pensé 
el amor y la destrucción se rozan en determinadas ocasiones como las placas tectónicas provocando un seísmo que altera el orden de los corazones
Yo lo amaba y siempre lo hago pero
ahora quiero
con la delicadeza de mil orquídeas cuando cierran su corola al caer la noche y tanta belleza es la que contienen
que a veces quisiera arrancarlas y
 estrecharlas contra mi pecho y
 desvanecer sus pétalos
con el roce de las yemas del pulgar y el índice y deshacerlas hasta llorar y
oírlas expirar
Y me faltarían palabras
Porque yo también soy egoísta y
quiero tanto tanto
tanto que cuanto más quiero más fácil
la vida se me escapa de las manos
Pero a veces vuelvo a un jardín
marchito

donde me olvido  

          del ego  del individuo y

       sólo queda el amor que padezco

                      y una libélula

                       atravesada

                  entre mis dedos

Ruby.

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