Manifiesto mortuorio

Quisiera ser un cincuentañero que arrastrase con dificultad su enorme barriga cervecera hasta pudrirme deliciosamente en una pornografía lúbrica puesta en mute
Quisiera ser una manada de perros hambrientos para poder relamer mi costillar sin sentir desazón alguna
Quisiera ser una pequeña virgen de piedra para que me colocasen en un altar y me retiraran el polvo cada tantos años y me besaran los pies con tanto fervor que el techo se derrumbase y los azulejos se cubrieran de una sangre tensa rígida por la violencia de tal milagro
Querría quedarme a vivir en un espejo antediluviano y prevenir el salvajismo y la necedad del hombre y matar al profeta y cantarle el salmo ciento treinta mientras envuelvo con delicadeza su cadáver en un florido sudario
Querría tomar la forma de la esfinge para reconstruirme en la mirada de los antiguos y extraer el veneno que la savia bruta posee cuando gorgotea en el cáliz de los dioses que planean famélicos una muerte memorable
Querría ser madre y dotarme de paciencia eterna extender el bálsamo de mi saliva por las heridas en sus rodillas ser la fuente incansable del amor puro hasta sentir cansancio de mi dulzura pálida y que mi cúlmine deseo fuera que enterrasen mi cuerpo junto a mis hijos en el jardín trasero y de nuestras marchitas bocas brotaran nardos que cuenten mi vida atenuando con su blancura este mar de dolor inmenso
Quiero ser una palabra aceptada por los diccionarios una palabra que todo el mundo entendiese que fuese sencilla de pronunciar con una dicción clara
Una palabra sin horizonte como desierto
causadora de turbación como venganza
Quiero ser palabra para cobrar un sentido para significar algo en las lenguas. Para representar una causa mucho mayor que mi propia realidad aunque mi razón no logre entenderla
Quiero ser palabra antes que este gemido prolongado y purulento de un galgo moribundo al que le partieron las patas después de tres meses de carreras
Antes que ser la glosolalia de los esquizofrénicos en pleno brote psicótico
Solo quiero ser palabra antes que este eco desnudo que se golpea ávidamente en los campanarios de nadie cuando el órgano en un ataque de furia hace retumbar los fríos paredones y suena por un momento como si una cría de pájaro azul hubiese emprendido su primer vuelo hacia la tierra de los escarabajos negros

Ruby

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